TEHERÁN / El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, instó este pasado miércoles a Donald Trump a evitar una nueva escalada militar, haciendo referencia al bombardeo de junio de 2025 contra instalaciones nucleares en Teherán.
Según el canciller, aunque las máquinas pueden ser destruidas, la «determinación» y el conocimiento técnico de su programa atómico permanecen intactos.
Araghchi utilizó su entrevista con Fox News para intentar posicionar a Irán como la parte que «está dispuesta a negociar», responsabilizando a Washington de haber abandonado la diplomacia por la guerra.
Sin embargo, el canciller fue tajante: Irán no renunciará al enriquecimiento de uranio. Lo que Teherán define como un «derecho legítimo» para fines pacíficos bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), es visto por la administración Trump como la antesala de un arma nuclear que ya justificó ataques quirúrgicos el año pasado.
Control oficial vs. masacre en las calles de Irán
Mientras Araghchi intentaba proyectar una imagen de estabilidad gubernamental, las cifras externas cuentan una historia de horror.
El canciller aseguró que Teherán tiene el control de las manifestaciones y que la violencia ha disminuido. No obstante, la ONG Iran Human Rights elevó esta semana a 3.428 la cifra de civiles muertos tras 18 días de protestas antigubernamentales.
La crisis, impulsada por la depreciación del rial y el colapso económico, ha sido combatida por el régimen con una represión letal que la ONU ya califica de «horrible».












