Por Froilán Sánchez
El salario mínimo, lo ha pulverizado la burocracia, la corrupción, la inflación y la indolencia gubernamental. Cuatro años estamos cumpliendo este mes de marzo, desde el último incremento salarial.
En este periodo de 4 años, la inflación acumulada en Venezuela, ha sido extremadamente alta, con una marcada aceleración en 2025 (475% anual) y un comienzo del 2026 con un 51,9% solo en el primer bimestre, mientras que el precio del dólar pasó de 4,70 bolívares en marzo del 2022 a más de 430 bolívares al día de hoy. un incremento de cerca de 100 veces más, que día a día profundiza más las precarias condiciones económicas de los trabajadores venezolanos.
Un salario mínimo, que garantice, la subsistencia del individuo, tiene una gran importancia en dos vertientes. en primer lugar en el aspecto económico, ayuda a incrementar el consumo, generando aportes significativos al comercio y por ende a la economía del país y en segundo lugar y quizás el aporte más grande que puede hacer, un salario suficiente, que permita una vida digna y cubrir las necesidades básicas, cómo lo establece el artículo 91 de la constitución, es que desde el punto social, aleja a la población del umbral de la pobreza extrema.
Las exigencias de la masa trabajadora del país, que hoy hacen al gobierno encargado, de incrementar el salario mínimo, es un justo reclamo, que debe ser atendido con extrema urgencia, a manera de saldar una deuda social y económica con el país, pero para haya viabilidad en la medida, el Estado, en sus 3 niveles de gobierno, deben reducir el gasto presupuestario inorgánico excesivo, ese que no aporta nada a la economía del país y que consume gran parte de los recursos, de las áreas productivas, por lo que se hace ineludible, combatir la corrupción, la burocracia y la inflación.












