Reinaldo Quijada
_Hiere mucho el calor de la verdad._
_La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela_
No queda nada. Ni la hojarasca solitaria batida por ráfagas esporádicas del viento, ni las gallinas cacareando sin dueño por el corral ardiente, ni el perro adormecido con su mirada lánguida. La revolución no “vuela libre”, nunca logró volar. Lo intentó, pero no tuvo la capacidad de hacerlo.
En el propio primer año, año 1999, del ciclo político que llevó al comandante Chávez a la presidencia de la república se iniciaron las contradicciones y estas fueron avanzando como esas plantas flotantes invasoras, la bora, camelote o jacinto de agua, que se reproduce rápidamente en los ríos tropicales, cubriendo las superficies, bloqueando la luz solar, consumiendo el oxígeno, asfixiando la fauna acuática. Obstaculizando la navegación.
La elaboración y la promulgación de la nueva constitución, el establecimiento del modelo político de la democracia participativa y protagónica y, luego, el diseño de varias misiones, muy particularmente la Misión Barrio Adentro y las Misiones Educativas (Robinson, Ribas y Sucre) fueron destellos de esperanza para el país. Fuegos fugaces. Al presidente Chávez le faltó acompañamiento y mayor capacidad. Tuvo mucha voluntad, ímpetu y carisma, pero eso no fue suficiente. Pudieron más la burocracia, la politiquería, la corrupción y la incompetencia. Las ansias de poder. Hubo algo de brisa inicial, luego sólo fue quedando la canícula, la sequía y el aire caliente.
Las revoluciones o los cambios políticos profundos hay que hacerlos en todos los planos: en la transformación de la realidad exterior, en los hechos cotidianos, en la mentalidad de la gente que va a vivir ese proceso y en el propio lenguaje. En ninguno de esos planos se logró. Si uno recorre el país, de este a oeste, de norte a sur, uno no ve una obra palpable de gobierno en ninguna ciudad o pueblo, salvo las obras propias de la inercia ejecutiva de cualquier gobierno. Si uno observa la dirigencia política ve una clase política privilegiada. Ve represión y violación de los derechos humanos básicos. Si uno ve al venezolano, ese venezolano entusiasta que recibió a los médicos cubanos en sus propias viviendas, que participó en las misiones educativas, que leyó a Don Quijote de la Mancha en las plazas públicas es ahora un venezolano que, manteniendo su espíritu jovial y alegre, está marcado por el desaliento, el desengaño y la amargura con relación a la política y a los partidos políticos. Si uno escucha el lenguaje oficial, ve un lenguaje estereotipado, lleno de lugares comunes, consignas vacías y alusiones grandilocuentes y pantagruélicas a los próceres de la patria. Tierras baldías. Suelos arenosos. Ríos sin caudal.
El gobierno y su partido, con largos 27 años en el poder, han hecho muy poco. Deben pensar en ser oposición a un nuevo gobierno y buscar renovarse. El nuevo gobierno debe estar centrado, como lo ha expresado María Corina Machado, en una Gran Alianza Nacional Ciudadana que trascienda a todos los partidos políticos, incluyendo a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática y al propio Vente Venezuela. No debemos repetir el mismo ciclo actual de asfixia y voracidad partidista.












