ESPECIAL / La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York agitó también el tablero político en Nicaragua, donde el gobierno de Daniel Ortega empezó a enviar señales mixtas hacia dentro y hacia afuera.
El régimen de Ortega y Rosario Murillo, en primera fase de paranoia, anunció la liberación de unas 30 personas consideradas presos políticos, medida que el gobierno vinculó al aniversario de la llegada de Ortega al poder. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos relacionan directamente estas excarcelaciones con el nuevo contexto regional tras la operación del 3 de enero en Caracas.
En paralelo, activistas denunciaron decenas de arrestos de ciudadanos que celebraron en redes sociales la captura de Maduro, lo que refuerza la idea de un mayor control interno ante el temor a posibles contagios políticos. Analistas señalan que la caída del líder venezolano sacude el equilibrio del llamado bloque bolivariano y coloca mayor atención internacional sobre Nicaragua.
Tanto Daniel Ortega como Rosario Murillo han comenzado a cambiar constantemente sus cuadros y esquemas de seguridad, tratando de garantizar no correr con la misma suerte del depuesto presidente venezolano, ya que eso sería, por la edad de ambos, una condena a muerte en prisión en suelo norteamericano.-












