ESPECIAL/ Un giro inesperado en el gabinete colombiano: el presidente Abelardo De La Espriella anunció este pasado miércoles, 21 de octubre, la destitución de Rodrigo Lara como ministro del Interior, un cargo que ocupó durante apenas 76 días. En su lugar, el mandatario designó al exprocurador Alejandro Ordóñez, quien regresa al país tras su labor como embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA).
En un mensaje a través de su cuenta de X, De La Espriella comenzó expresando su agradecimiento a Lara: “Agradezco al doctor Rodrigo Lara Restrepo por su servicio a Colombia”. Sin embargo, la decisión de reemplazarlo no se toma en un vacío, ya que coincide con críticas hacia Lara por su relación con los parlamentarios y el reciente revés del Gobierno en la aprobación del Presupuesto General de la Nación, que se cayó por un vicio de trámite.
El presidente no escatimó en elogios para Ordóñez, a quien calificó como una figura clave para enfrentar los “grandes desafíos de nuestra nación”. “Doy la bienvenida al doctor Alejandro Ordóñez Maldonado, quien asumirá como nuevo ministro del Interior. Su experiencia, carácter y trayectoria serán fundamentales”, afirmó el mandatario.
Mientras se formaliza la toma de posesión de Ordóñez, el ministerio quedará temporalmente bajo la responsabilidad de Iván Cancino, ministro de Justicia. De La Espriella concluyó su mensaje reafirmando el compromiso de su Gobierno: “Nuestro Gobierno continúa trabajando con determinación, firmeza y compromiso por el bienestar de todos los colombianos. ¡Firme por la patria!”
La salida de Lara se produce en un contexto complicado, justo cuando se debatía en las comisiones primeras conjuntas la Ley de Sometimiento, un intento del Gobierno por abordar la situación de los grupos armados ilegales y reemplazar la fallida política de paz total de Gustavo Petro. Horas antes de su destitución, Lara participaba en el debate sobre esta ley, evidenciando la presión que enfrentaba.
Ahora, Alejandro Ordóñez deberá liderar la agenda legislativa del Gobierno, en un momento crítico para el país, donde las expectativas sobre su gestión son altas y los desafíos, inminentes.












