Prof. Cruz Antonio Alvarado
(Titiritero y profesor jubilado)
Acarigua y Araure, ciudades hermanas separadas apenas por una avenida, han trazado caminos distintos en su crecimiento. Mientras Acarigua se ha consolidado como el pulmón comercial de la región, Araure ha asumido el rol de guardián institucional y cultural, albergando el Hospital, la sede de la Orquesta Sinfónica y la Casa de la Cultura «Carlos Gauna», que hoy sostiene el único auditorio funcional de la zona.
El contraste en el desarrollo
La disparidad se hace evidente al mirar nuestras canchas. Araure exhibe una infraestructura diversa que abarca desde el atletismo hasta el tenis público. En contraste, Acarigua sobrevive apenas con su gimnasio cubierto y terrenos baldíos donde el «béisbol sabanero» y las «caimaneras» resisten al abandono.
Sin embargo, hubo un tiempo en que la unión era física y espiritual. El emblemático Estadio de la Avenida 5 de Diciembre era el epicentro donde niños de ambos municipios compartían el sueño del diamante. Lamentablemente, una gestión gubernamental del pasado, actuando sin consulta y con una visión ajena a la realidad local, decidió demoler este recinto bajo la promesa de un centro cultural faraónico.
El resultado del descuido:
Hoy, esa obra inconclusa es un monumento a la improvisación. No es cultura, no es deporte; es un espacio vacío que dejó a nuestra juventud desamparada.
Una propuesta de sensatez y visión
Como trabajador cultural que ha dedicado su vida a los títeres y como alguien que corrió esas bases en su juventud, me dirijo a los Alcaldes de los municipios Páez y Araure. No busco señalar culpables, sino proponer soluciones factibles que nazcan de quienes sí conocemos el terreno.
Mi propuesta para recuperar este espacio estratégico es clara:
Aprovechamiento Estructural:
– Utilizar la estructura metálica existente como un escenario polivalente.
Recuperación del Diamante:
El terreno mantiene sus medidas reglamentarias; rehabilitar el campo es devolverle el alma a la avenida.
Infraestructura de Graderías:
Construir tribunas para una capacidad de 5,000 personas.
Lograr un Centro Cultural y Deportivo integrado para niños y jóvenes no es una idea descabellada; es una deuda histórica con nuestras ciudades. El pueblo no necesita monumentos al ego, necesita espacios donde el arte y el deporte vuelvan a caminar de la mano.












